La situación del oficialismo se complica al observar que los liderazgos emergentes no han logrado construir un perfil presidencial sólido
El panorama político del Partido Revolucionario Moderno se encamina hacia un escenario de alta incertidumbre debido a la imposibilidad constitucional de una nueva postulación del presidente Luis Abinader, lo cual plantea un desafío existencial para la organización oficialista, debido a que el mandatario ha fungido como el único centro de gravedad capaz de evitar una inminente atomización de sus estructuras internas.
A pesar de que el partido goza actualmente de una posición de relativa fortaleza institucional por su control del aparato estatal, la ausencia de un sucesor con liderazgo carismático propio genera dudas razonables sobre la cohesión futura, puesto que la historia dominicana demuestra que las organizaciones suelen desintegrarse cuando el árbitro supremo sale de la escena y deja un vacío que a los contendores internos se les hace muy difícil llenar.
En consecuencia, el peligro real para el perremeísmo no es una división convencional entre dos grandes bloques antagónicos, sino una fragmentación en múltiples pedazos liderados por ambiciones particulares, debido a que no existe hoy un liderazgo alternativo con la capacidad de concitar el apoyo emocional de una militancia que observa con recelo el agotamiento del actual modelo de unidad en torno a la figura presidencial.
